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Lo habitual es prometer que nadie mira tus ficheros. Esto es otra cosa: el validador entero (Python, lxml, los esquemas y las anclas) se descarga y corre dentro de tu navegador. No hay servidor al que subir la factura, así que no hay nada que prometer sobre qué se haría con ella. No llega.
Se puede comprobar sin creerse nada. Abre las herramientas de desarrollo
de tu navegador, ve a la pestaña de red, y suelta una factura. Esto es
lo que se midió el 15 de septiembre de 2026 al validar
fe-0001.xml:
- Peticiones de red al validar
- 0
- Cookies
- ninguna
- Almacenamiento local del navegador
- vacío
- Almacenamiento de sesión
- vacío
Y sin herramientas: cuando la página diga Listo, desconecta la red (el wifi, o el modo avión) y suelta la factura. El informe sale igual, porque no tiene a dónde ir. Se midió el 24 de septiembre de 2026 con el servidor apagado: las cuatro facturas de muestra dieron el mismo informe que con él encendido, y sin una sola petición.
Lo que sí ocurre
Una sola cosa, y pasa al abrir la página, no al validar.
El servidor que sirve la página deja un registro. Como cualquier servidor web: tu dirección IP, la fecha, qué fichero pediste y qué navegador usas. No lleva nada de tu factura, porque tu factura no pasa por ahí. La base legal es el interés legítimo en servir y proteger el sitio, y esos registros se conservan el tiempo que los conserve el proveedor de alojamiento, que hoy es Vercel Inc. (Estados Unidos): eso supone una transferencia internacional, amparada en sus cláusulas contractuales tipo.
Y nada más. No hay una segunda. Todo lo que la página necesita (el intérprete de Python, la biblioteca estándar, lxml, los esquemas, las anclas de confianza y el propio validador) se sirve desde este mismo sitio. Tu navegador no habla con ningún otro dominio.
Y no es solo que no lo haga: no puede. Cada página lleva una política de contenido que le prohíbe al navegador pedir scripts, datos, imágenes o letras a cualquier otro sitio, y si algo lo intentara, se negaría él. El banco de pruebas comprueba que la política está puesta y que tu navegador la cumple.
Y lo mide también un tercero. El HTTP Observatory de Mozilla, que revisa las cabeceras de seguridad de un sitio (la política de contenido entre ellas), le dio el 23 de septiembre de 2026 una A+: 140 puntos sobre 100 y sus 12 pruebas superadas. El enlace lleva a su última medición, que puede ser de otro día.
- Dominios de terceros contactados
- 0
- Tipos de letra externos
- ninguno
- Bibliotecas desde un CDN
- ninguna
Los enlaces a X y a LinkedIn del pie son enlaces normales: la página no carga nada de esas redes, ni botones, ni contadores, ni imágenes. Si pulsas uno, sales de aquí, y desde ese momento rige la política de privacidad de esa red.
Esto no siempre fue así, y merece decirse. Hasta el 30 de agosto de
2026 el intérprete se pedía a cdn.jsdelivr.net: siete
ficheros y unos 7,8 MB que salían al abrir la página y llevaban tu IP a
un tercero antes de que hubieras hecho nada. Tu factura nunca pasó por
ahí, pero la frase que decía que no se hace ninguna petición a nadie no era exacta.
Ahora sí lo es, porque esos ficheros se descargan al construir el sitio
y se sirven desde aquí.
Ni cookies, ni analítica, ni rastreo
No hay cookies. No hay analítica (ni propia ni de terceros), no hay píxeles, no hay identificadores, y no se guarda ningún dato tuyo en tu navegador. Por eso tampoco hay ventana de consentimiento: no habría nada que consentir, y un banner que no gestiona nada solo sirve para aparentar diligencia.
Lo que sí se queda es la caché del navegador, y conviene no confundirlo con lo anterior. Los ficheros del validador (el intérprete, la biblioteca estándar, los esquemas y las anclas: unos 10 MB) se sirven marcados para un año, y es lo que hace que la segunda visita no vuelva a bajarlos. Son los mismos para todo el mundo, no llevan nada tuyo dentro y no sirven para reconocerte: se guardan igual que las imágenes de cualquier otra página, y se van al vaciar la caché.
Y si me escribes
Todo lo anterior es lo que ocurre por usar la página. Escribir un correo es otra cosa: lo decides tú, y entonces sí hay datos tuyos (tu dirección, tu nombre si lo pones, y lo que cuentes).
El buzón lo aloja Zoho en su centro de datos de Estados Unidos. Eso supone una transferencia internacional, amparada en su acuerdo de tratamiento de datos, basado en cláusulas contractuales tipo. Zoho es ahí el encargado del tratamiento; el responsable sigue siendo el de arriba.
Se usa para una cosa: contestarte. No se cede a nadie, no entra en ninguna lista de correo (no hay ninguna) y no se cruza con nada, porque no hay nada con lo que cruzarlo. La base legal es el interés legítimo en atender lo que me escribes, y los mensajes se conservan mientras hagan falta para eso.
Y algo que conviene decir aquí: no me mandes tu factura por correo. No hace falta, porque el validador corre en tu navegador; y si me la mandas, para ese fichero deja de ser cierto todo lo que dice esta página (pasaría por un servidor de correo y acabaría en un buzón). Si necesitas preguntarme por algo que te ha salido, dime el código de la incidencia: con eso basta.
Tus derechos
Puedes ejercer los derechos de acceso, rectificación, supresión, limitación, oposición y portabilidad sobre los datos que se traten. En la práctica, lo único que existe son los registros de acceso descritos arriba. Si crees que tus datos se han tratado mal, puedes reclamar ante la Agencia Española de Protección de Datos (aepd.es).
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