El problema no es validar. Es lo que se afirma al validar.
Comprobar una factura electrónica contra la norma europea EN 16931 y contra el Real Decreto 238/2026 es trabajo, pero es trabajo conocido: están las reglas escritas y están los esquemas. Lo difícil no es eso.
Lo difícil es que casi ninguna comprobación se puede hacer del todo, y que las que no se pueden hacer son justo las que más pesan. Saber si un certificado estaba anulado el día que se firmó exige una prueba que el certificado no lleva dentro. Saber si la fecha de firma es cierta exige un sello de tiempo de un tercero. Cuando falta cualquiera de las dos, un validador tiene dos opciones: decirlo, o pintar el tic verde y callarse.
Pintar el tic verde es la opción por defecto de casi todo el software, y no por mala fe: es que un aprobado limpio se entiende solo y una explicación de por qué no se sabe algo, no.
Las tres gravedades, y por qué son tres
De esa decisión sale toda la forma del producto. Un informe de Glosa-e no tiene dos estados sino tres:
- Error — algo incumple una norma concreta, y se dice cuál.
- Aviso — algo no se ha podido comprobar, o depende de un dato que lo escribe la parte interesada.
- Nota — no es una queja: dice qué se ha dado por bueno y con qué base.
La tercera es la que casi nadie tiene y la que sostiene a las otras dos. «No consta anulado ningún certificado de la cadena» no significa nada por sí solo. Significa algo cuando va seguido de según la lista de tal autoridad, publicada tal día, porque entonces quien lee puede juzgar cuánto vale esa afirmación. Sin eso es un tic verde con más letras.
Un caso, con sus segundos
Un ejemplo de lo que cuesta esto, sacado del propio desarrollo y no de un manual.
Una firma electrónica de larga duración guarda dentro del documento la prueba de que el certificado no estaba anulado. La regla evidente es: si esa prueba es anterior a la firma, no puede saber lo que pasó después, así que no cierra la pregunta. Se implementó así, con sus pruebas en verde.
Al pasarla por seis documentos reales, el informe decía que la prueba se había mirado antes de la firma y enseñaba la misma fecha a los dos lados. Debajo había veintisiete segundos. Un documento de este tipo se construye preguntando el estado, firmando y sellando, por ese orden: la prueba es anterior a la firma casi siempre, y por segundos. La regla no estaba mal razonada; estaba mal calibrada, y habría levantado el aviso en prácticamente toda factura archivada de verdad.
Un aviso que sale siempre deja de leerse, y entonces no avisa de nada.
Lo que lo cerró no fue elegir un margen. Elegir «medio minuto pasa» habría sido inventarse una cifra y llamarla criterio. Quien dice si una prueba seguía valiendo en un momento dado es quien la emitió, y lo dice por escrito dentro de la propia respuesta. Si su plazo llega hasta la firma, se acepta y el informe dice el hueco y en qué se apoya; si no, se sigue sin saber.
Las pruebas automáticas no habrían encontrado esto nunca. Estaban todas verdes y todas escritas contra fechas inventadas por la misma mano que escribió la regla. Lo encontró abrir seis ficheros que no había escrito este proyecto y leer lo que salía.
Lo que se mide, y lo que no se dice
La misma exigencia se aplica al producto. Ninguna afirmación sobre rendimiento, red o comportamiento entra sin el número que la sostiene, y si no está medido, se dice que no está medido.
- Peticiones a terceros
- 0al arrancar, al validar y en el banco
- Formatos
- 4Facturae, UBL, CII y EDIFACT
- Códigos de aviso
- 126cada uno con su norma y su explicación
- Comprobaciones en tu navegador
- 38las corre tu máquina, no la nuestra
La cifra de arriba a la izquierda es la que define el producto. El validador entero corre dentro del navegador, sobre WebAssembly: tu factura no sale de tu ordenador porque no hay adónde enviarla. Eso no es una promesa, es una propiedad de cómo está montado, y está medida con el número de peticiones y de dominios ajenos en el aviso legal.
Lo que esto no hace
Que quede escrito aquí y no solo en la letra pequeña:
- No certifica nada. Una glosa explica; no da validez. La validez la da la ley y, si acaso, quien recibe la factura.
- No es un servicio oficial de la Agencia Tributaria, de FACe ni de ninguna administración.
- No sale a la red a comprobar la revocación, porque esa consulta lleva dentro el número de serie del certificado: le diría a la autoridad qué factura estás mirando y cuándo.
- No acierta siempre. Se equivoca como cualquier software. Lo que promete no es acertar, sino no afirmar más de lo que ha comprobado.
Por qué se llama así
Una glosa es una nota al margen que explica un texto sin sustituirlo. No dice si el documento es bueno: dice qué pone y qué hay que saber para entenderlo. Es exactamente lo que hace esta herramienta, y el nombre está elegido para que no pueda prometer otra cosa sin contradecirse.
Por eso los informes tienen forma de glosa: el código al margen, la explicación al lado, y una línea al final que dice contra qué se ha mirado todo lo anterior.
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